Libros Canto y Cuento

"Me enseñaron a escribir septiembre así, con p, supongo que como a todo el mundo. Luego, cuando la lectura se convirtió en casi un vicio y comencé a intentar escribir, no sé si por pedantería, por esnobismo o como un mal entendido signo de distinción, empecé a escribirlo sin la p: setiembre. De esa manera lo hice hasta finales de septiembre de 2012. La primera vez que escribí el nombre de ese mes desde que mi padre muriera su día 12 me quedé mirándolo, estancado, contrariado. Al principio pensé que estaba empantanado por los recuerdos. Pero no era eso. O no era sólo eso. Notaba como si al nombre le faltara algo. La p de padre, me dije, pues al incluirla todo pareció seguir su curso. Y desde entonces lo escribo así: septiembre."

 

ROTO

ROTO quedó el espejo.

Sus restos esparcidos.

En la pared el grito de una mancha.

AÚN HAY SOL EN LAS BARDAS

TRAS un cruel verano de agujas y de fiebre,

preso en la estrecha cárcel del dolor,

huyendo de la muerte entre sábanas blancas,

y ángeles blancos, y anestesias blancas,

qué bello es regresar

cuando inicia septiembre su colección de oros,

y emocionarse con las cosas que juntas son la vida:

el grávido planeta de un tomate que huele

a huerta fresca y tiempo;

el fulgor de este sol que aún nos hiere

o la cebolla que alguien

está friendo ahora en la cocina

y cruje perfumando de honradez nuestra casa.

Y bello, sobre todo, emocionarse con tus manos,

únicos pájaros

que he podido mirar este verano

y que ahora me enjugan

estas felices lágrimas del rostro.

 

FERIA AMBULANTE

LA feria que descansa en la planicie

se irá por la mañana.

Entonces este mapa de columpios

que miro con los ojos de la infancia

será metal dormido en poco tiempo,

tejidos derrumbados

sobre charcos de orina y calimocho

su blanco laberinto de casetas.

Recogerá el embrujo de sus luces.

Doblará sus colores

dejando como rastro oscuridad

y llevará su engaño a otras ciudades

vaciando el horizonte

después de las estrellas.

Ni huella quedará de la alegría

viajera que se marcha muy temprano

siguiendo su costumbre vagabunda.

 

 

AL amanecer, asomado a la ventana de su cuarto, el niño Luis José Vegarada veía a Dios. A él al menos no le cabía duda de que era Dios mismo quien rasgaba el cielo para derramar el maná sobre la ciudad convertida en la nueva Jerusalem, bañada en los colores rosas y celestes que le otorgaba la primavera a la hora que llamaban de maitines. A esa hora se hacía visible la silueta altiva de la torre de San Miguel, dominando el horizonte, y que parecía clavarse en el firmamento. Y el niño soñaba que la torre era la escalera del cielo por la que descendía el espíritu de Dios para bendecir a la gente, a las casas, a las calles... Así su vista llegaba a la cúpula de la iglesia Colegial, cuya amplísima fachada barroca era para el niño la puerta de entrada al divino reino. Del otro lado quedaba su barrio, el Arroyo.

En Fidelidades, el escritor gaditano José Antonio Bablé encara, de una manera poética y no exenta a veces de ironía, cuestiones fundamentales de la existencia humana: el paso del tiempo, los extrañamientos de la conciencia, la función de la cultura y su decadencia, etc.

Poesía en la que la mejor literatura se hace vida.

 

LA ciudad olía a desencanto y a incertidumbre. Perdidas ya todas las prendas que la adornaron y la hicieron irresistible en el pasado, miraba asombrada su propia decrepitud. Arrobada en su contemplación, había olvidado que para hacer frente al implacable paso del tiempo, hay que erguirse sobre el pasado y, orgullosa de cuanto se haya sido, renovarse, conservar los cimientos en los que participaron tantas personas anónimas y crecer, extenderse acogedoramente y alzarse sobre la mediocridad.

Antaño olía a vino, a campiña fresca, a justas medievales y a muralla recia y protectora, hoy apenas si quedaban los nombres de algunas calles para recordar lo que fue un pasado digno y glorioso.

Inspirándose en las ideas reveladoras del gran pensador francés René Girard, pero matizándolas y reelaborándolas de un modo original, Cesáreo Bandera se enfrenta en este apasionante libro a la difícil relación entre la fe y la ficción literaria.

En EL REFUGIO DE LA MENTIRA, Cesáreo Bandera estudia algunas de las grandes figuras de la cultura occidental (Homero, Platón, Lucrecio, Cervantes, Simone Weil...) y lo hace iluminando aspectos de sus obras que desconocíamos.

 

CANCIÓN DE LOS ADIOSES

ADIÓS, amigos, que os marcháis de pronto.

Adiós, amigos, si soy yo quien parte.

Adiós, también, por cada vez que vuelve

–ignoro desde dónde– este lenguaje.

Y adiós, adiós por cada vez que olvido,

de tanta luz, las fechas y aun mi sombra.

Adiós es la palabra irremediable

en medio de nosotros y las cosas.

 

PADRE

MALABARISTA

Mago también,

por la extensión ilimitada

de todos los prodigios a tu alcance.

Recuerdo que podías

saltar de un tren en marcha.

(Eso decías.)

Recuerdo que podías acertar de un disparo

una moneda al vuelo.

(Lo viste hacer a James Stewart

en Winchester 73.)

Y el aullar de esos lobos en la sierra,

en una noche de tu juventud

(estabas de maniobras),

alimentó mis pesadillas...

Páginas

Subscribe to RSS - Libros Canto y Cuento