Poesía

 

CERVEZA

¿CÓMO es capaz la tierra

de bendecirme la garganta así?

¿Qué milagro obró el sol en la cebada?

¿De dónde logró el oro

burbujear en el cristal tan puro?

¿Quién os iba a decir,

dorados copos,

que había de beber vuestra nevada

en esta jarra donde ahora caso

el cielo con la boca?

 

 

AMISTAD

DÍFICIL, rara, escasa entre los hombres,

la amistad verdadera es misteriosa:

claramente, sin duda, un don divino.

Y por eso es sagrada. Quien la encuentra

debe cuidarla fiel en su pureza

porque es, como el amor, un sacramento.

Si estás con un amigo ya probado

y en la mutua confianza generoso

¿acaso juntos no participáis

de un ámbito secreto en que sois libres?

¿no hacéis ambos de lo íntimo algo puro?

Tú con él, al igual que hace él contigo,

como un orante has roto las barreras,

y hablas ya sin temor de ti y tus cosas,

mejor que en soledad contigo mismo.

 

 

GRACIA Y VUELO

ALGUNOS días escribo

poemas

en las alas

de aviones de papel

que el viento empuja.

Otro días,

casi siempre,

espero,

espero, solo espero,

sentado en cualquier parte:

un libro entre las manos,

una libreta, un lápiz,

la mirada en el mundo.

Aguardo aquel instante

en que ese mismo soplo

me vuelve gracia y vuelo,

una simple hoja seca

que afirma su sentido

mientras cae.

 

 

Pliegos Sueltos de la Academia es una revista que aspira a ocupar un espacio que no está cubierto hoy en el mundo de las publicaciones periódicas en español: aquel que acerque al lector la mejor literatura en otras lenguas, acogiendo traducciones inéditas o mal divulgadas, ensayos que analicen la tradición literaria internacional, reseñas de las traducciones más significativas de los últimos meses, así como la opinión de los más destacados traductores a nuestra lengua.

 

GLORIA

Gloria por la Palabra que mi boca

no acierta a decir nunca, mientras mi mano tiembla

o deja garabatos rotos como la nieve

que a copos viste de niñez los montes.

Por el lucero rojo que acompaña a la luna.

Por el olivo cano, desde chico tan serio,

que luego da el aceite con su risa de oro.

Por el lomo estrellado de la trucha

que se parece al manto de Merlín.

Gloria por el rocío y el diminuto cielo

que deja en cada brizna.

Por la caja de música que suena en el verano

–con el lucero, el grillo; con el sol, la chicharra–,

porque saben sus notas el más secreto anhelo.

Gloria también por todas las cosas que no sé.

 

 

ROTO

ROTO quedó el espejo.

Sus restos esparcidos.

En la pared el grito de una mancha.

AÚN HAY SOL EN LAS BARDAS

TRAS un cruel verano de agujas y de fiebre,

preso en la estrecha cárcel del dolor,

huyendo de la muerte entre sábanas blancas,

y ángeles blancos, y anestesias blancas,

qué bello es regresar

cuando inicia septiembre su colección de oros,

y emocionarse con las cosas que juntas son la vida:

el grávido planeta de un tomate que huele

a huerta fresca y tiempo;

el fulgor de este sol que aún nos hiere

o la cebolla que alguien

está friendo ahora en la cocina

y cruje perfumando de honradez nuestra casa.

Y bello, sobre todo, emocionarse con tus manos,

únicos pájaros

que he podido mirar este verano

y que ahora me enjugan

estas felices lágrimas del rostro.

 

FERIA AMBULANTE

LA feria que descansa en la planicie

se irá por la mañana.

Entonces este mapa de columpios

que miro con los ojos de la infancia

será metal dormido en poco tiempo,

tejidos derrumbados

sobre charcos de orina y calimocho

su blanco laberinto de casetas.

Recogerá el embrujo de sus luces.

Doblará sus colores

dejando como rastro oscuridad

y llevará su engaño a otras ciudades

vaciando el horizonte

después de las estrellas.

Ni huella quedará de la alegría

viajera que se marcha muy temprano

siguiendo su costumbre vagabunda.

 

En Fidelidades, el escritor gaditano José Antonio Bablé encara, de una manera poética y no exenta a veces de ironía, cuestiones fundamentales de la existencia humana: el paso del tiempo, los extrañamientos de la conciencia, la función de la cultura y su decadencia, etc.

Poesía en la que la mejor literatura se hace vida.

 

CANCIÓN DE LOS ADIOSES

ADIÓS, amigos, que os marcháis de pronto.

Adiós, amigos, si soy yo quien parte.

Adiós, también, por cada vez que vuelve

–ignoro desde dónde– este lenguaje.

Y adiós, adiós por cada vez que olvido,

de tanta luz, las fechas y aun mi sombra.

Adiós es la palabra irremediable

en medio de nosotros y las cosas.

 

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